RESUMEN

miércoles, 11 de diciembre de 2019

MONSEÑOR FERNANDO ARTURO FRANCO BENOIT

Sacerdote y Obispo de la Iglesia Catolica
Nació en Santo Cerro, La Vega, el 9 de agosto del 1909. Hijo de don Arturo Franco y doña Matilde Benoit de Franco, familia noble y de sólida raigambre en la fe (católica).

Creció con el majestuoso Valle de La Vega Real a sus pies, entre ritos místicos-religiosos, himnos y cánticos de alabanzas, y todo tipo de exaltación a la divinidad que se profesa en nuestros monasterios, pues su casa solariega estaba en la vecindad del templo católico erigido al culto de Nuestra Señora de las Mercedes, al cual se asocia una centenaria tradición religiosa, en vista de que según la historia, allí se libró la batalla del Santo Cerro, entre los indígenas (exterminados) y los españoles "evangelizadores".
El beatísimo Padre Franco, fue un auténtico evangelizador, que vino a Mao recién ordenado sacerdote, después de haber cumplido todos los requisitos del seminario Padre Fantino Falcó de La Vega, principal centro de preparación de sacerdotes en todo el Cibao, al calor de una mañana revestida de esa solemnidad hierática que se respira en los conventos y en los sacros lugares del orbe.
La llegada a esta ciudad, a la cual enalteció con su presencia, fue el día 25 de febrero del año 1939, para ocupar el cargo eclesiástico de Presbítero o cura párroco en la Parroquia de la Santa Cruz de Mao.
Hablando con doña Blanca Bonilla, quien junto a Amelita Ureña (fallecidas ambas), eran las dos personas más allegadas al padre, en vista de que se encargaban de todo lo concerniente a organizar sus actos religiosos, y quienes le tenían en orden todos sus hábitos y vestimentas religiosas las cuales iban a tono con el tipo de importancia del acto litúrgico a celebrar (bautizo, misa, bodas, tedeum, réquiem, etc.), nos dijo lo siguiente:
"Sus grandes amigos, don Luis Bogaert y doña Lolita Román de Bogaert, viajaban con frecuencia por Europa y los EE.UU., y en cada uno de esos periplos, solían traerle todo tipo de hábitos para su jerarquía eclesial (alba, bonete, casulla, roquete, sotanas, báculo, etc.)".
Estuvo por Roma en varias ocasiones, representando al Obispado de Santiago, al que pertenecía Mao como Diócesis, antes de ser creada la Diócesis Mao-Montecristi, que dignamente pastorea Monseñor Gerónimo Tomás Abréu Herrera (1), se conservan recuerdos de sus viajes a la Santa Sede del Vaticano.
Cumplía a cabalidad con los horarios de sus compromisos religiosos, con férrea disciplina, siendo el único sacerdote del municipio por muchos años. Más tarde nombraron Vicario Cooperador al reverendo Juan Evangelista Disla, y ayudante también del padre Franco al padre Plinio Roque.
Parte de su trabajo incluía retiros espirituales, amonestaciones, orientaciones prematrimoniales, bautizos, misas en latín, extrema unción, responso, etc. Era un religioso ortodoxo, o sea, apegado a las tradiciones.
Otros de sus amigos fueron doña Consuelo y Agustina Disla, Antonio Reyes Lozano, Clemente Martínez (su compadre Don Clemen, primer fotógrafo de Mao), doña Consuelo Colón e hijas, (quienes donaron el panteón donde reposan sus restos), doña Celia Reyes Vda. Tineo, entre otros.
Falleció en La Vega, el 23 de julio de 1982, pero fue sepultado en Mao a petición suya. Hoy día la calle del Obispado lleva su nombre.
El día 18 del mes de junio de 1994, se inauguró el Mausoleo a su Memoria, construido por la Asociación de Maeños Ausentes (asomau) y varias familias de Mao. Este pueblo dio una demostración de apoyo moral con un desfile apoteósico hacia el camposanto donde reposan sus restos venerados. Loor a ese benemérito de la estirpe del Arzobispo Meriño y de Francisco Xavier Billini.
A su memoria van estos versos del Cantar de los Cantares de Salomón:
Porque he aquí ha pasado el invierno,
se ha mudado, la lluvia se fue;
se han mostrado las flores en la tierra,
el tiempo de la canción ha venido;
y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
La higuera ha echado sus hijos,
y las vides es cierne dieron olor.

NOTA: (1) El año a que se refiere el autor es 1997.
La semblanza que precede fue copiada textualmente del libro Mao y su gente, 1997, (pp. 39-41), del Dr. Héctor Brea Tió. Santo Domingo, D.N., República Dominicana: Editora Lozano, C. por A. Usada con permiso del autor, a quien agradecemos su gesto solidario.

FRAGMENTO DEL ARTÍCULO "AÑORANZAS MAEÑAS" (2) DEL AUTOR, INCLUIDO AQUÍ PORQUE MENCIONA AL PADRE FRANCO, EN UNA DE SUS ACTIVIDADES.
TRADICIONES MAEÑAS: Procesiones del Viernes Santo
Reverendo Fernando A. Franco Benoit
Una de las estampas religiosas de nuestro pueblo que más añora mi mente adulta, son esos desfiles o procesiones sacras que se celebraban, y aun celebran en mi pueblo, cargadas de regocijo y fervor místicos, propio de las mas prístinas cofradías romanas y judeocristianas, conmemorando la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, luego de pasar las clásicas penurias y humillaciones abyectas, que ser humano alguno resistiera a través de los evos.
Se realizaba el Viacrucis dentro de la procesión misma que constaba de catorce estaciones caracterizadas cada una por diferentes estados anímicos de sufrimiento, postración, y flagelación, entre los que hemos de recordar tres caídas con la cruz a cuestas, corona de espinas, rostro demacrado, debido a los estigmas impresos en las sienes y el costado traspasado por el filo de una lanza; labios sedientos y deshidratados a los que mitigaron la sed con vinagre, empapado en una especie de gasa impregnada por dicha acerba sustancia. Escarnio y burla por un lado; el Cirineo y la Verónica ayudando con la cruz y enjugando el rostro mustio y macilento de Nuestro Señor; con rostro triste y doloroso pero rodeado de una paz que vence el rictus de sufrimiento que se irradia a toda la humanidad, a través de su luz.
Las mujeres de Jerusalem representadas por devotas de distintas hermandades (cofradías) de la Parroquia Santa Cruz de Mao. Todo con un toque maeño teatralizado por gente del pueblo sin estudios de dramaturgia ni actorales, sino aprendidos a fuerza de escudriñar las Sagradas Escrituras, sin estereotipos ni estridencias y de escuchar las homilías y prédicas del presbítero Monseñor Fernando Arturo Franco Benoit, un pastor reverente y digno vicario de Cristo en el terruño maeño.
No faltaban los cargadores o costaleros de las imágenes, que sostenían el sarcófago del Santo Entierro y la Dolorosa, hermosa imagen de la Virgen María, que aunque llorosa y triste, pañuelo blanco en mano y toda vestida de negro, presidía la aparición del féretro con los restos del Hijo Amado.
En Mao siempre jugaron ese rol por varias décadas, un grupo de caballeros altagracianos entre los que destacan: Otoniel Acevedo, Juan Taveras, Neney Peralta, Antonio Reyes Lozano, Rafael Reynoso, Chichito Rodríguez y Luis Peña y otros, quienes cantaban himnos como “Pequé pequé, Dios mío” “Piedad, Señor piedad", Si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad”, Bis, entonados también por el resto de la concurrencia.
Es digno de señalar el ministerio de evangelización centrado en el anuncio o kerigma de “Cristo Vive”, seguido de “Ego Sum Principium Et finis, Primus et novissimus. Alfa et Omega”. Yo soy el Principio y el Fin. El primero y el Último. El Alfa y la Omega, leído por Monseñor Fernando Arturo Franco Benoit, vestido de púrpura, como exige la liturgia católica.
Todo este desfile o procesión del Santo Entierro iba precedido por una eucaristía o misa, oficiada por el Reverendo Franco ya citado, el cual cumplía con un ritual en latín cantado y luego venia el Sermón de las 7 Palabras, encabezado por “Eli, Eli, Lamma Sabactani”, lo que quiere decir “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”; frase que consagra la pascua de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.
Nunca faltaba un cirio encendido en el altar mayor, con rosas a sus pies, el cual es una alegoría del Sol Invictus, que no se extingue, con la omnipresencia de Jesús a pesar de su muerte en la cruz. Las rosas alegóricas de la primavera boreal, que despunta a partir del 21 de marzo, fecha muy cercana y a veces coincidente con la Semana Mayor, luego venía el Sábado de Gloria, con todo el duelo, recogimiento y silencio citadino propios de dicha conmemoración eclesiástica, para oficiar la misa concelebrada de 10:00 a 12:00 de la noche, en la que se conmemora el día más grande de la religión católica, judeo-cristiana “la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo”, con repique de campanas y develizamiento de las imágenes que eran cubiertas con tela, como parte de los ritos sacramentales.
Como epílogo, exhorto a todos mis compueblanos y demás, seguir respetando nuestras tradiciones, aún se incursione en otros credos, pues quienes abjuran a sus valores culturales y su legado ancestral, pierden su esencia misma, renuncian a sus orígenes primigenios, esa escala de valores inalienables que nos conforman como pueblo, como nación.
“Yo no creo en imágenes ni ídolos, pero los respeto, crecí con ellos y son parte de mi”.

El autor es médico, historiador y escritor. AÑORANZAS MAEÑAS, fue publicado originalmente en Mao en el Corazón, el 12 de agosto de 2011
Compilación y organización de datos por Isaías Ferreira (maocdhm@gmail.com)


RELIGIOSOS - Mao en la Historia

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